martes, 19 de febrero de 2013

Balada de amor para un vampiro


Balada de amor para un vampiro ( aporte para la revista virtual) 

Tú, que eres inmortal y que acusas el crepúsculo.
Ser despiadado en medio de las fuentes,
ser que pide paz en las sombras
amante desesperado por una lágrima
quietud de fuentes en el camino solitario.
Tú que amilanas las guerras
que con tu hacha matas al ser indefenso
que con tu puñal cruzas las eternidades.
¡Dame! 
¡Dame tu beso de acero!
Temo crear un mundo sin ti
cuanto todo lo que existe es esa devastación
esas soledades desde los tiempos de los tiempos.
Esta es una canción
una balada justiciera de sangre fatal.
Tú que eres mas que un dios
O que una mariposa escondida en la hierba.
Cruzas las aguas de la vida
 temes la eternidad
porque sabes que no morirás.
Sé que ese miedo te atormenta día tras día
Por que? Amante de la sangre
Por qué? Viuda de los abismos
Por  qué? Me señalas para tu inmortal vivencia
Que es lo que pides de mi?
cual es tu verdadero rostro?
Y que camino me entregas tras te ti?
Todos los tiempos son eternos
Todas la vidas son vidas
Todas las aguas son aguas
Todos los caminos son todos los caminos.
Pero, ¿ Donde
donde atraparé la rosa que no quiso florecer?
Para cantar
Para morir
Cuando tu eres eternidad. 

LOS DOS NADADORES


Los dos nadadores

“ Ser original depende de la vida” El autor

Era un día extraño, los dos nadadores caminaros hacia la playa, en un lugar de Mar del plata, habían estado hablando de tiburones.  Uno de ellos le dijo a su compañero: - Hoy es buen día para pescar tiburones, vamos.
Tomaron la lancha y se adentraron hasta  alta mar y con un pedazo de  carne  comenzaron a saciar su hambre.
-Imagina lo hermoso que es matar tiburones, dijo Juan
el otro llamado Pedro le respondió:
-Si es verdad toda nuestra vida es como un poema donde los tiburones arrancan un pedazo de nuestro corazón.
Juan tomó un cuchillo largo y se tiró al mar, de pronto apareció un tiburón enorme y la pelea fue sangrienta el pez le quitó la vida, solo quedaba sangre sobre la superficie del agua.
Pedro quedó mirando el infinito como si el destino decidiera que se perpetuara lejanamente. Volvió con la lancha y entró al hotel donde se habían hospedado con Juan.
Tomó una botella de vino y comenzó a escribir una carta:
“Hermosa Lucrecia tu marido ha muerto peleando salvajemente con un tiburón, te escribo esto para tu bien ya que yo también moriré esta tarde porque el honor de todo hombre de mar es morir entre los tiburones”. Pedro firmó la carta se dirigió hasta un correo y la despachó. Luego subió a la lancha y se fue hasta alta mar.
Tomó un cuchillo miró como el agua estaba embravecida ese día todos los dioses del mar conspiraran y la naturaleza era un demonio en su conjunto.
Tiró carne en el agua y esta se llenó te tiburones, miró el cielo nublado, acechando los horizontes, y gritó, gritó con todas sus fuerzas diciendo:
-¡Dios! Te desafío a que me complazcas, y a nuestros antepasados, te desafío. Luego comenzó a llorar, y gritó ¡ Dios! Voy hasta tu eternidad, espero morir con los brazos cruzados en el mar vuelvo a mi destino. Se tiró a las olas y poco a poco fue un susurro de gaviotas que colmaron las ondas de los tiburones, la paz de un día elegido. Despacio la tarde se fue poniendo y vino la noche como si una sospecha cruzara las aguas, un barco pasó y vió la lancha vacía, un marino gritó:
¡Miren! Una lancha a la deriva. El marino bajó a la embarcación y luego en tierra, supo que ese día habían estado dos hombres comunes luchando contra un destino en medio del firmamento, un destino, cuando llegaron a la habitación de los nadadores guardavidas encontraron una enorme botella llena de colmillos de tiburones con una iscripción que decía:

La Paz de Dios es La paz de los hombres

Juan Y pedro 

lunes, 6 de agosto de 2012

EL HOMBRE DEL CINE


El hombre del cine


( Las historias se descubren ) el autor


Era una mañana clara como un eterno sueño, el hombre del cine caminó hacia su cuarto, había pasado unas noches sin dormir. Aquellos días eran extraños, hacía unas cien noches que había vuelto de un viaje, pero esos tiempos extraños sucedían como potros de un cielo de míticas estatuas. El hombre estaba un poco loco, ya hacía mucho que habían decretado que era único en esa ciudad de San Diego. La ultima película que vió era de unos médicos asesinos. Era casi fin de año y el hombre del cine ,como todo el mundo lo llamaba, partió una vez mas hacia la estación, perdería su ultima  carreta hasta que la eternidad de la muerte lo atrapara hacia el infinito. Entró al cine y miró todo el espacio que lo rodeaba, estaba solo en medio de un ritual que ya llevaba unos diez años mas o menos, era el ultimo hombre de San Diego esa ciudad perdida en medio de Estados Unidos. Una mujer entró, le dijo:
-         Señor, usted terminará esta etapa del viejo cine  “ Las Vegas”. Luego demoleremos este lugar para levantar un edificio moderno de 30 pisos.
Era una mañana clara y despertó, se dió cuenta que estaba en un cine y que se llamaba Carlos Martín,  la película terminaba justo cuando el estaba semidormido. Salió del cine y caminó por una calle angosta, luego vió como el tren paraba. 
Pasaron unos soldados, miró el cartel que decía: “Próxima parada San Diego”,  al bajar del tren se dió cuenta que una mujer lo seguía.
- ¡ Señor!  Disculpe, ¿ Usted es el hombre del cine?
-Le ruego que vuelva ya que está caminando hacia el pasado y le recomiendo que no vaya tan deprisa.
Carlos Martín fué hacia el cine en medio de la ciudad San Diego en el año 1975 entró en el cine y observó a unas mujeres con niños, se acercó a una chica, ella  estaba abrazada a su novio.
-  Disculpe, señorita, ¿ Usted como se llama? .
-Marina, le respondió.
- Una pregunta, ¿Que película pasan hoy? 
-Señor no me moleste estoy con mi novio, la señorita volteó la cara.
De pronto se dió cuenta que había una persona conocida pero la luz se apagó.
Las espadas se cruzaban frente a sus ojos, miraba de reojo a la multitud de gente pero no reconocía a nadie. Luego de la función caminó hacia una casa rosa en medio de un descampado. Tocó la puerta y un señor apareció, era un carpintero que lo miró de arriba abajo. Entonces reconoció el rostro de su padre que según el tendría su misma edad, el carpintero  le preguntó:
-         Señor, ¿Que desea?. En este momento estoy cambiando los pañales a mi hijo con mi mujer; Carlos no dijo nada.
-          Pero disculpe creo que tiene algún parecido a alguien de mi familia.


 Retrocedió temeroso, se dió cuenta que estaba en su pasado como en una película de terror, la vida o el destino le jugaba algo siniestro, pero siguió caminando por una calle
de San Diego, poco a poco vió pasar todo el pasado frente a sus ojos. Entró en un café y tomó un papel que le pidió a un mozo del bar y consumió un té con un pedazo de pan con azúcar, comenzó a escribir una historia que es la siguiente:
Había un cine en medio de un lugar Junto a un río de Europa, todos los fin de semana pasaban películas y allí iban los intelectuales de toda la ciudad. En el cine se daban las de Hollywood. Allí iba un grupo de amigos a mirar…
Carlos dudó si seguir con la historia, estaba nervioso, el pasado y el presente se juntaban
Por eso salió del bar se dirigió a un puente que daba al río de San Diego, quería escapar del pasado; pero, ¿Dónde estaría la salida?, como ya no sabía hacia donde ir. Se dirigió a una iglesia, era donde alguna vez había entrado vestido de blanco con su novia.
 Al transponer la puerta sintió algo raro, la fachada del edificio estaba derrumbada y así siguió caminando, todo al su alrededor estaba destruido. Continuó hasta que llegó a la entrada de la ciudad y vió el cartel que decía: “10 kilómetros hasta San Diego”.
Al tomar la carroza sintió que estaba liberado a su lado estaban dos niños con una pareja. La carroza surcó un trayecto extraño hacia un castillo que se divisaba cercano a lo que podría ser su futuro. Pero de pronto la carroza paró en medio de un descampado.
Y ante su mirada estaba un cielo inmenso, era la entrada a un lugar extraño. En la puerta había un cartel que decía: “Museo del cine de Nueva York”.  Cruzó y no había nadie, todo estaba en penumbras, era un lugar hermoso pero silencioso. Advirtió una galería de cuadros llenas de fotos, miles de fotos frente a sus ojos, y comenzó a mirarlas, sus lágrimas cayeron de a poco. Eran todos los momentos de su vida, Carlos Martín regresó a su presente con una mano en su bolsillo, frente a la estación subió al tren, ese tren fue cruzando varias ciudades que poco a poco se transformaron en lugares conocidos, luego cuando el tren paró, al bajar, vió una anciana que abría una puerta de una casa. El hombre del cine tranquilamente cruzó la ciudad y muy despacio entro a una casa, cuando se durmió, una chica lo estaba despertando, diciéndole:
-Señor, la película ya ha terminado, y al salir del cine, sintió como la pareja se alejaba abrazados frente al horizonte de San Diego.



 JAVIER DICENZO 

lunes, 18 de junio de 2012


Paisaje


Se ve desde la ventana de la casa junto al río un deambular de pájaros, los ojos del anciano
capturan cada trazo del paisaje. Hay gotas que caen como lágrimas entre los remansos de las
aguas. El anciano clava la mirada en un punto del firmamento, en un arco iris, unos ojos en
el horizonte.  Junto a la ventana llueven gotas de  rocío, el anciano llora ya que en ese paisaje
está el pasado, sus lágrimas caen despacio. El lugar es muy bello, tanto como sus antiguos
amores de juventud. Su mente desvaría, por eso junto al río ve unos fantasmas girar sobre
sus talones, son tres fantasmas, uno con forma de mujer y los otros dos son niños. Ellos
juegan, aparecen y desaparecen junto a una bruma traslucida. En el paisaje se ven los
pájaros, hermosos colibríes junto a las  flores del río donde los caballos salvajes se acercan a
beber. Esos tres fantasmas miran al anciano, y con unos espejos le hacen guiños. El anciano
ríe, también llora, sus recuerdos vagan en esos fantasmas del pasado. - ¿Qué he hecho? 
Piensa él, ¿Esos son mis recuerdos?, los recuerdos de un instante precioso, mis hijos  mi
mujer. El pasado le juega algo siniestro, junto al río van caminando esas figuras y frente a él
demonios escondidos, manos, unos ojos azules que devoran los peces luminosos.
Comienza a llover muy fuerte, como si la naturaleza conspirara contra la ventana. Un frío
entra por ella cerrando la puerta de la habitación. Luego aparece un sol brillante, el paisaje se
vuelve agreste, la luz ilumina el horizonte. Aparecen unos perros que van cazando peces y
los traen a tierra.  Pero la noche empieza a cubrir con su sombra el lugar, se acercan al río y
la luna roja como la sangre pura acecha la bastedad del campo. Ve de a poco los seres 
fantasmales  chapotear  entre la neblina, luego dos búhos aparecen, son búhos blancos que
cazan a los ratones. Los caballos están dormidos. Y muy despacio, unos lobos irrumpen, sus
ojos son intensos y un silbido remarca el suspenso de la luna roja. Los fantasmas van hacia el
monte, se escuchan gritos mortales, luego aparece una sombra inmensa sobre el agua del río,
titilan las luces  y un grito ensordecedor se siente, caen manchas  de sangre sobre la  ventana
y el anciano cierra sus ojos, lamenta eso. Luego todo silencio, las figuras aparecen, y los
niños van caminando por la costa y con la mujer, el anciano busca sus rostros pero no los ve, 
no adivina la imagen distorsionada en ellos, como si el mismo olvido se llevara esas caras, y
un eco lejano conmueve las paredes de la casa.
Los búhos vuelan sobre el río, el paisaje vuelve a estar calmo, cae nieve, los perros acechan
una presa en el agua. Los fantasmas cruzan la isla y se pierden dejando una estela a su paso. 
El anciano recuerda esos días de juventud, cuando amaba a su mujer y a sus niños; en el
firmamento es la ventana de la vida, esa ventana le muestra el paisaje, un eterno  ventanal
hacia el pasado, y entonces escucha una voz.: –¡ “Pedro, olvida tu pasado, no mires por la
ventana, olvida tu pasado”! Pedro, con sus manos temblorosas toca el vidrio, un fuego le
recorre por la piel.
Ve los rayos y una tormenta apocalíptica frente a él, y miles de alas de pájaros,
– ¡“Pedro olvida tu pasado, olvida no mires por la ventana”!
El anciano  bebe un trago de vino, toma su saco y cierra las cortinas.
Baja por el corredor y va hacia planta baja de la casa.
Camina hacia el arroyo, todo se llena de silencio y siente como si siempre hubiera estado allí,
entonces alguien lo observa, como si Dios mismo o el destino jugara con él.
Camina hacia el agua tras los peces, ve los tres fantasmas correr,  los caballos se espantan,
los búhos vuelan lejos y siente algo en su espalda, y escucha una voz: –“No mires, no por
favor! , No puede soportar esa voz , da media vuelta y ve con horror su casa, a un hombre en
la ventana mirándolo, como si fuera él ese sujeto.
La figura desaparece, el anciano vuelve a su casa, mira su habitación, pero no encuentra
nada, solamente unas huellas en el vidrio. Frente a él divisa como los fantasmas se funden en
el paisaje junto a las aguas, y cierra la ventana.

JAVIER DICENZO 

martes, 20 de marzo de 2012

POEMAS 2012

Para sangrar todo lo imposiblemente sádico

( Hablando a Pablo Banegas)

¿ Quién fluye astutamente hacia la irrealidad de los seres?
si es mas el agónico grito en la selva
¡ Oh! ¡Pablo! , necesito eclipsar la virtud
con una energía inexistente,
hablar de Abelardo Castillo
llamar al espíritu que habita en la palabra.
Gigante ha venido el viento desde los ocasos
eres el cuentista que ha de volver,
¡Oh!, ¡Pablo!, mi ciudad es una elegía,
esa elegía de Borges y sus fantasmas.
Yo sé que he de vivir sobre las sombras
buscando la balada enamorada.
¿ Quién busca lo irreal astutamente?
No maldigas al destino
si una palabra sangrienta yace en el olvido
no tientes al ángel bello
mas bello que lo mas tenue en el firmamento.
¡oh! ¡Pablo!
Escondo un sentimiento inmenso
que puede voltear todos los sueños del mundo
es así que recorro el inmenso mundo,
busco una verdad
esa expresión de deseo que banaliza el retorno.
No hagas explicaciones de la calidad
del verso herido en la ciudad
Javier o Poe son dos poetas
si, dos poetas que aún existen en el olvido.
Sé que la lira aguda herirá fantasmas
aún en galerías de artes de algún ayer
si mi arte baladí en el recuerdo
se desvanece con una nube de algún ser despiadado.
¿ Qué elegía inmensa recorrerá la astuta garra?
No seas cruel ojos que miras
si un después revuelve las entrañas de los dioses
es aquí limite irrisible
la voz y la luz mas impenetrables
para sangrar todo lo imposiblemente sádico.









El basurero


Como la gota que irradia una luz pura
Está el basurero
El artífice de una sociedad
La expresión capitalista
Esa danza de fuego
Donde la desesperanza
Se transforma
En un durazno podrido
Mirado como ave rapaz
Como un buitre lejano
Es el trabajo
De un desposeído
La manzana de la manzana
El fruto tomado con repugnancia
El basurero
Personaje despreciado
En los relojes de la orfandad
Se va con los centauros
En el mas allá
Con la palabra hibrida
De amaneceres putrefactos


























Las llamas

No pretendas apagar con fuego un incendio, ni remediar con agua una inundación
.Confucio.

Hay llamas en el fondo del bosque,
son de un azul intenso, azul mar.
Queman las arboledas con el viento,
duermen bajo el cielo limpio.
El demonio es el padre de las llamas.
Hay llamas en el fondo del bosque
junto al camino de los inmortales.
En la casa de antiguos herreros
donde una luz enciende soledad.
Las llamas son el poder del universo
de cada estrella que inventa la noche.
Duermen cuando se apagan
cuando la luna muere tibia.
Es verdad cuando un viento las guarece
que no apagan otro fuego
mas ardiente que las lágrimas
de esa estatua indemne al calor.




























La hoja tibia en el cerezo

Proyecto de poema con ritmo tratado en el chat de alaire
Dedicado al maestro Rafel Calle reincidiendo

La hoja tibia en el cerezo
muere como una mujer
muere al nacer su hijo.
Es una transparencia fina,
extremo de los árboles.
El verde acuna la luz
terciopelo de la noche.
La hoja tibia en el cerezo
vive como un río
en madres gotas de lluvia.
Es simplemente una hoja
as que aroma el bosque,
lecho de mariposas
volando por los senderos
en que viven pájaros.
La hoja se viste
del fruto que morirá
a un viento del olvido
que es olvido natural,
del otoño cruel y manso
en el suelo sepulcro
de caricias del sol
sed de alondras y gorriones.






















Aún sigue siendo el mar

( Poema dedicado a los corazones solitarios)

Hay nombres en el sonido del viento
cuando el ser es mar.
Hay nombres
que palabras dice
el pescador de la lancha.
Aún sigue siendo el mar
el que enumeras las figuras
las caracolas perdidas.
Hay nombres en el sol
cuando el ser es mar,
sigue siendo el mar
la ballena herida,
el tiburón acechando.
Aún
aun sigue siendo el mar
que recoge el frío
como un temblor de gaviota herida,
la plenitud de la sal.
Aún sigue siendo el mar
que acoraza los barcos
y los hunde
que resurge del abismo tesoros.
Aún sigue siendo el mar
fragancia de iluminados cielos,
porque cuando la estrella titila
es el bravío oleaje
el que sucumbe la estrella de mar.
Aún
aún sigue siendo el mar
el que borra las historias
que apaga la noche,
que avecina
la raza de los cósmicos
faros perdidos horizontes.












El luchador de las sombras

Mi grandeza no resida en no haber caído nunca sino en haberme levantado siempre
Napoleón Bonaparte


Existe un espíritu legendario en la tierra de los dioses verdaderos,
ese espíritu va recorriendo las nieves
donde el luchador de las sombras
guarece su fuerza hacia los vientos.
Muchos amaneceres pasan por sus ojos de azules muertes,
el luchador es la daga de hierro
que va matando todos los árboles de los infernales duelos,
la sangre ahuyenta a los lobos
las criaturas que pasan frente a las ramas
El luchador de las sombras
todo lo que existe es el luchador de las sombras,
existe un espíritu irreverente
que escupe falencias en las otras miradas.
Es el luchador de las sombras
el luchador
que
va caminando frente a las mascaras de hierro,
el que mata
como un dios que va muriendo con las serpientes
rojas víboras del otro candado humano.
Existen muertes
muertes feroces en el campo de batalla,
ellos santifican la levedad en mariposas,
esos espíritus sangran
con las babas
de los murciélagos.
El luchador sobrevive en la Siberia,
en el resplandor latente de una mirada
que
va caminando frente a las mascaras de hierro,
que es una canción pura
como el arpa de esa Venus irrepetible
asombro de un mundo
de la sutil mirada de ella que va
minando los caminos de la libertad.

JAVIER DICENZO

martes, 14 de junio de 2011

POEMAS JAVIER DICENZO 2011

Melodía imposible

En honor a
Robert Ervin Howard

Voy a elevar tanto mi canto que ni los dioses podrán detenerme.
Matare cada universo en el crepúsculo solitario.
Es tan grande mi apasionamiento
que toda la creación no bastará para mis manos.
Yo he de buscarte fantasma aunque muera
será tanto mi desgarro cósmico
que la danza en el paraíso agotara cada gota de santidad.
He de nombrarte dios innombrable
en cada palabra inmortal de mi fe desfallecida.
Si es necesario levantaré todas las lapidas
para que mi nombre iluso haga espantar
esas litigiosas potencias de los cielos mas altos.







































Caminos que nadie toma

a esta tierra que piso

Yo he de transitar las sombras dolidas de esta ciudad San Pedro
volveré junto a las hadas del sauce.
Transito míticos caminos entre ríos lejanos.
Mil pájaros dormidos acunarán la letanía.
Viviré sumergido en despertares.
Yo he de transitar cada llama dormida
un camino que nadie toma
hacia el lado que nadie mira
una balada enamorada de la mariposa,
que anuncie cantos de ausencias dolidas.
Suprema es esta ciudad
donde la ola se alza sobre los muros.
Mi grito se hace mas ausente,
camino solitario como durmiendo la noche
con pasos hacia el laberinto del sur.
Voy transitando la senda de ausentes miradas
hay un sitio escondido donde los paraísos existen,
acumulando la fe y el pecado
la virtud de los dioses latentes en el crepúsculo.
Son simplemente caminos que nadie toma
donde nadie muere
hasta que el fulgor de la calandria
suspira con el lamento de la ciudad,
cuando el lamento duele con el dolor
mas ausente mi desesperado canto suicida.
Yo he de regresar por ese camino diferente
hasta que la playa de mi ayer
resucite en flores pequeñas y hermosas
hacia todo el inmenso mundo.












En el crepúsculo rojo como mi sangre


En honor y recuerdo del enorme genio literario

Robert Ervin Howard


Robert que pregunta hago al horizonte de laberintos satánicos
ahora que los fantasmas recorren la tierra,
cuando quiero volar sobre las casas de mi ciudad.
Magos y serpientes inundan el mundo.
Robert, el tiro en tu cerebro mato todo el infinito
por eso es que el centinela de la guerra cósmica
mata todo lo que existe en las lejanías.
Si por un momento yo pudiera elevar las ausencias
transformarlo en un amor y en un veneno tan puros
en el crepúsculo rojo como mi sangre.
Pero somos humanos Robert
carecemos de todo lo que poseen los dioses.
Inmortal tu nombre en los libros de los libros
cuando se agiganta la araña que destruye tu mundo
la inspiración poeta de las madrugadas de vampiros.
Robert, adiós a tus poemas y a las piras
porque tu dios no fue el mío
ante las eternas palpitaciones del universo.















Los árboles

Dedicado a mi maestro Rafael Calle y a la naturaleza

Los árboles de inviernos agonizan
entre las lluvias en los verdes bosques,
donde miles de pájaros se mueven
como las olas de los bravos mares.

Son como mil estrellas en las noches
de paraísos, cual las puras almas ,
los árboles de luces entre gotas
de los cristales de las santas fuentes.

Los árboles de Junio se estremecen
entre frescuras de los blancos cielos,
donde los hombres gozan primaveras
cual los arcángeles de dulces ríos.

Sus ramas con gorriones enmudecen
todas las tardes con otoños grises,
entre hermosos luceros de los astros
que van durmiendo fuertes fríos lejos.






















Elegía de un poeta solitario

( Dedicado a Pablo Banegas)


Irrumpí en el mágico mundo de un cuentista
virtud ilusa de renacer las damas heridas.
Irrumpí poeta que cree en los duendes
en cada melodía del olimpo glorioso
por eso glorifico al cuentista
y su pluma herida por amaneceres.
Ante la mano de los demonios
deshojé la vida y la reaccionaria muerte
con los laberintos de Borges
en el abismo del palpito en San Pedro.
Irrumpí cada puerta de Kafka
cada araña de los oscuros sótanos.
Maldije mi espíritu
para aparecer en un rostro acuático
lamentando las irreverencias del destino.
La misa de mi cuerpo fulguro azul
entonces el signo del ave fénix surgió
en este poema que regresa al cosmos
para lapidar la fruta roja del paraíso.






















A la dama azul en el crepúsculo

A mi hermana Guillermina

La dama vislumbra atardeceres en el crepúsculo
En la buenos aires asfixiante
Remueve los laberintos de utopías
Va por la sinuosa buenos Aires
Resurgiendo las paredes de ocre
La dama voltea los ídolos sangrantes de soledades
Sus pasos van
Al Shopping que dibuja escondites prohibidos.
Su pelo es como un lienzo sagrado
En la urbe que aprisiona artistas longevos
Si yo pudiera atrapar los sueños
Y que la dama fulgorosa de despertares
Surgiera como una luz azul en el firmamento
Para renacer todos los paraísos estelares
El viento ausenta los pasos en la playa
Surge la voz sobre los ojos de la dama
Y todos los frenéticos lamentos
Acogen prisiones de sueños
En la historia de los focos parados
Entre el sol de san pedro y buenos aires
Cuando las violetas puras surgen
En un canto
Que purifica sangre
Con la dama embebida de soledad y luz.



























A la muerte de mi ser

A Valeria con afecto

Dormir
con todas las muertes
en todas las fotos
en cada segundo,
abriendo las alas
durmiendo las luchas
con sentimientos.
Dormir
en la estrella
en el límite de la palabra
por el amor
por los sueños.
Dormir todo el día
hasta el crepúsculo
de esos pasos lejanos
guareciendo tu querer
el mío
mas mío que tuyo el mío
por todos los pasos.




























Juan en el Crepúsculo

A Juan Gelman por sus luchas

Juan, tú que le escribes danzas al fuego
al pájaro ausente de la calesita
abre el sigiloso brillo en la calle,
verso herido con las madres del sur.
Eres el poeta que lloro los violines
el rojo del gorrión herido.
Tú acurrucas el niño dormido
la paz de la guerra.
Poeta de la mascara en resguardo
con sus decires en la América suicida,
eres en el paso hacia el poniente.
No morirás, Juan, en el crepúsculo,
tus gritos
ni tu causa mas allá de la muerte
que irrumpe con la crisálida del ayer.